Capítulo 20: ¡Tengamos una Cita, Mamá, Papá!
Pete observaba en silencio la escena que se desarrollaba ante él. Su mirada se mantenía fija en Cherry, que, sin pensarlo demasiado, pedía palomitas con esa confianza inocente que solo un niño podría tener. La escena, tan simple y tranquila, tenía algo reconfortante, y sin embargo, Pete no podía evitar sentirse algo extraño. Ver a su madre tan relajada, tan dispuesta a consentir a Cherry de esa manera, lo hacía sentir que las piezas del rompecabezas estaban encajando, pero al mismo tiempo algo no terminaba de cuadrar.
La película comenzó a sonar con fuerza. Los efectos visuales llamaron la atención de Cherry de inmediato, quien empezó a devorar las palomitas con una sonrisa amplia en el rostro. Pete, por su parte, no podía evitar observar a Nora. Estaba visiblemente adormilada, con los ojos entrecerrados, completamente desconectada de la atmósfera vibrante que el cine ofrecía. Parecía estar en un mundo completamente distinto, ajena al bullicio que rodeaba la sala. En ese momento, Pete pensó que quizás todo lo que estaba viviendo en ese momento era una suerte de espejismo. A pesar de la cercanía, había algo distante en su madre, una desconexión que le resultaba incómoda, pero también algo reconfortante, algo que le daba una sensación extraña de seguridad.
Al mismo tiempo, en la otra punta del cine, Justin permanecía en silencio, observando la pantalla, pero con la mirada fija en algún punto más allá de la película. Estaba presente, pero en realidad, parecía estar atrapado en sus propios pensamientos. La tensión que siempre existía entre ellos, la falta de comprensión, no se disipaba por completo. Sin embargo, ese momento de calma, esa breve burbuja de tiempo donde todos estaban sentados juntos, le dio a Pete una sensación extraña de paz, como si fuera posible que las cosas pudieran cambiar, aunque fuera por un instante.
Aunque la película seguía su curso, Pete no podía dejar de pensar en todo lo que aún no comprendía. La distancia que existía entre él y su madre, el silencio que a veces sentía como una barrera impenetrable, no se desvanecía tan fácilmente. Estaba rodeado de preguntas sin respuestas, de sensaciones que no lograba encajar del todo. Pero por un momento, mientras observaba a Cherry disfrutar de la película y ver a su madre tan tranquila, se permitió dejar de lado esas preocupaciones y disfrutar de la película, aunque fuera solo por unas horas.
A lo lejos, los ecos de la película se mezclaban con el ruido del cine, y Pete intentó convencerse de que, quizás, solo quizás, las cosas podrían mejorar, que había una oportunidad para que todo encajara finalmente. Pero la realidad, con todos sus matices y complejidades, seguía ahí, en el fondo, esperando ser entendida.
Y a pesar de todo, Pete sabía que, aunque el futuro fuera incierto, en ese instante, mientras compartían una película, todo parecía estar, aunque de forma efímera, bien.
