Se vuelve glamurosa tras la anulación del compromiso

Se vuelve glamurosa tras la anulación del compromiso(28)

Capítulo 28: Conozco el Paradero de tu Hijo

Pete quería decir la verdad, pero si Nora se enteraba ahora, no solo los separaría a él y a su hermana de su padre, sino que los llevaría a todos lejos de él. Aunque siempre había estado en contra de su comportamiento tiránico, Justin seguía siendo, a fin de cuentas, un padre competente. Pete aún recordaba cómo, cuando era un bebé, su padre lo llevaba a todas las reuniones y al trabajo. Esa imagen de un Justin protector aún permanecía en su mente, a pesar de todo lo que había sucedido después.

Al ver que su madre estaba a punto de firmar el acuerdo, Pete, en un instante de desesperación, cogió el vaso de leche que tenía junto a él y lo derramó sobre los papeles. La leche se derramó por todo, empapando los documentos que Nora había comenzado a firmar, y la tinta se corrió, anulando completamente el acuerdo.

En el momento en que la leche empapó los papeles, Nora solo había alcanzado a escribir una palabra. La furia de Henry fue inmediata. «¿Qué estás haciendo, pequeña?!» gritó, completamente enfadado. Pete, con una expresión inocente, miró a su alrededor y, casi sin darse cuenta, respondió: «Se me resbaló la mano…».

Ángela, viendo la oportunidad de arremeter contra Pete, levantó la mano furiosa, dispuesta a golpearlo. «¡Pequeña, lo hiciste a propósito! ¡Te voy a matar!» gritó, pero antes de que pudiera hacer algo, Nora se agachó rápidamente y, con una mirada feroz, tomó a Pete en sus brazos, protegiéndolo. «¡Cómo te atreves!» dijo, con la voz firme y llena de ira.

Lisa, al ver la situación, se apresuró a intervenir y retuvo a Ángela. «Estoy segura de que no lo hizo a propósito, Ángela… No exageres,» dijo con calma. Irene también se acercó y, con tono ansioso, añadió: «¿Por qué te pones tan seria con una niña de cinco años? Es solo un contrato. Imprime otra copia».

Henry, sin embargo, estaba tan furioso que apenas podía contenerse. Estaba tan cerca de lograr su objetivo de obtener la firma, y un niño de cinco años había destruido todo. Wendy, aunque también molesta, se mostró más racional y le ordenó: «Vuelve a la oficina de los Smith y reimprime el acuerdo. Ya no hay tiempo que perder».

Nora, mientras miraba a Pete, que estaba en sus brazos, pensó en voz baja: «Primero enviaré a Cherry de vuelta al hotel». No quería que su hija estuviera más involucrada en todo esto, especialmente si la situación se ponía más tensa.

Henry, viéndola actuar con tanto celo por su hija, no pudo evitar burlarse: «Claro, eres muy protectora con una niña que no vale ni unos pocos dólares. Te esperaremos en los Smith». Nora, sin prestarle atención a las provocaciones de Henry, salió con Pete en brazos.

Wendy, mirando a su hija Ángela, que estaba furiosa, le dijo en voz baja: «¿Por qué no vas al hotel a vigilarla? Si no regresa después de un rato, ve a ver qué pasa». Ángela, al principio confundida, entendió de inmediato lo que su madre quería decir y se apresuró a seguir a Nora.

Mientras tanto, en el coche que llevaba a Nora y Pete al hotel, el ambiente estaba cargado de pensamientos complicados. Pete sabía que su acción solo había sido una interrupción temporal. Si realmente quería salvar a su madre de las manipulaciones de Henry y descubrir la verdad, necesitaría un plan más elaborado.

Con una mirada pensativa, Pete cogió su teléfono móvil y envió rápidamente un mensaje a Cherry: «Cherry, ¿estás ahí? Es urgente». Cherry respondió al instante: «¡Estoy aquí! ¿Qué pasa?». Pete, con la mente llena de ideas, respondió rápidamente: «Usa el móvil de papá y envía un correo anónimo a mamá. ¡Hazlo rápido! El contenido del correo debe ser…».

En el mismo momento en que Pete enviaba el mensaje, Nora, sumida en sus propios pensamientos, sentía una creciente inquietud. El correo anónimo que había recibido la había dejado desconcertada. «Conozco el paradero de tu hijo. No firmes el acuerdo», decía el mensaje. Nora, con el corazón acelerado, miró su teléfono y, al intentar averiguar más sobre el remitente, estuvo a punto de borrar el mensaje sin querer. Solo su aguda intuición y la rapidez de sus reflejos evitaron que eso sucediera.

Su mente se llenó de dudas y sospechas. ¿Quién había enviado ese mensaje? ¿Cómo sabían algo tan crucial? Era evidente que alguien había hackeado su teléfono, pero ¿quién podía ser? Además, todo esto le sugería que había secretos mucho más profundos de lo que había imaginado.

Durante los últimos días, tanto los Grays como los Smith parecían interesados en la pequeña empresa que su madre le había dejado. Había algo extraño en todo esto, algo que Nora no terminaba de comprender, y eso la inquietaba más que nunca. Podía sentir que había mucho más detrás de todo lo que había sucedido, pero no sabía cómo desenmarañar los hilos de la verdad.

El coche llegó rápidamente al hotel. Ángela, al ver que Nora aún no había firmado el acuerdo, exclamó con rabia: «¿Qué? ¿Ya no vas a firmar el acuerdo? ¡¿Ya no quieres buscar a tu hijo?!». Nora, sin inmutarse, levantó una ceja y respondió fríamente: «No soy tonta. Si papá me da información falsa después de firmar el acuerdo, ¿cómo sabré si es verdad o no?».

Ángela, furiosa, dio un fuerte pisotón y contestó: «¡Nora, cómo puedes faltar a tu palabra!» Pero Nora, con una mirada fría y decidida, cogió la mano de Pete y, mirando a Ángela, dijo: «¿Quieres que te dé la compañía? Claro. Dile a tu padre que busque a mi hijo y que me lo traiga primero».

Sin más palabras, Nora entró al hotel, con Pete en brazos, pero en el último momento, un grito de alarma la hizo detenerse: «¡Despierta! ¡Despierta!». Al volverse rápidamente, vio a un hombre de mediana edad desplomado en el suelo. Su rostro estaba pálido, y no respiraba. Nora, con rapidez y sin pensarlo, le dijo a Pete: «Sube tú primero, Cherry. Yo iré a ver qué sucede».

Al llegar al último piso del hotel, Pete entró a la habitación donde Cherry estaba peinando su muñeca Barbie. Justin, que se encontraba sentado en el sofá mirando su teléfono, parecía ajeno a todo lo que ocurría. Sin embargo, mientras estaba concentrado en los pensamientos sobre el hackeo en su móvil, se dio cuenta de que su hija estaba mostrándole un vestido de princesa. Ella, con el rostro fruncido por la incomodidad, le pidió su opinión sobre el vestido, y Justin, sin prestarle mucha atención, le dijo que estaba «bien».

Al mismo tiempo, Lawrence llegó con un informe importante para Justin, quien, al escuchar los detalles sobre el pasado de Nora, frunció el ceño. Lawrence le contó cómo Nora había tenido una vida secreta durante su estancia en el extranjero y cómo no había aprendido medicina, desmintiendo así la posibilidad de que fuera la famosa doctora Anti.

En ese momento, un mensaje de emergencia interrumpió la calma de la escena. Lawrence, al escuchar un mensaje en sus auriculares, frunció el ceño y anunció: «Algo ha ido mal en el vestíbulo del hotel». Las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar, y las tensiones se elevaban rápidamente.