Cuando sus ojos se abrieron

Cuando sus ojos se abrieron(46)

Capítulo 46:

El aire en la sala de conciertos estaba impregnado de una tensión incómoda. Avery intentaba disimular su ansiedad, pero no podía evitar sentirse atrapada. Estaba allí, en la misma sala que Elliot, sentada a unos pocos asientos de él, pero al mismo tiempo, a kilómetros de distancia emocionalmente. La idea de encontrarse con Tammy la hizo sentirse aún más incómoda, pero su atención ahora estaba completamente centrada en la figura que tenía delante.

El guardaespaldas, al notar que Avery no se movía, le dio una indicación brusca.

—¿Qué haces ahí parada? ¡Muévete!

Avery se sintió un poco avergonzada, pero la frialdad de su entorno la mantenía alerta. Miró al guardaespaldas con disimulo, luego observó la chaqueta de su traje negro. Un impulso irracional le hizo pedirla.

—¿Podrías prestarme tu chaqueta? Tengo un poco de frío… —dijo, casi en un susurro.

El guardaespaldas la miró con desaprobación, pero al final, se desabrochó la chaqueta, dejándola caer a un lado. Avery notó algo que la sorprendió: una plétora de armas estaba oculta bajo la tela, lo que la hizo vacilar y sentirse un poco mareada. La tensión en su cuerpo aumentó, pero no quería mostrarlo. Corrió hacia Elliot, aunque sus piernas parecían no responderle como solían hacerlo.

Al llegar junto a él, dudó un segundo, pero finalmente se sentó, dejando dos asientos entre ellos. Miró a su alrededor, deseando que la sala no se convirtiera en el escenario de un mal encuentro con Tammy. Si se enteraba de que estaba allí con Elliot, las cosas se complicarían aún más.

Elliot observó los asientos vacíos entre ellos y frunció el ceño, incómodo por la distancia que Avery había decidido mantener. ¿Le estaba evitando? El silencio entre ellos se hizo denso, hasta que Avery finalmente rompió la quietud con una excusa torpe.

—Hace un poco de calor aquí… —dijo, como si esa fuera una respuesta lógica para su comportamiento extraño.

El guardaespaldas, aún sentado al lado de Elliot, levantó la ceja.

—¿A qué estás jugando? ¿No acabas de decir que tenías frío?

Avery lo miró, sorprendida por la interrupción, y rápidamente respondió con algo más incisivo.

—¿Por qué siempre hablas tanto? Los guardaespaldas que veo en la televisión siempre mantienen la boca cerrada. ¿Puedes concentrar toda tu energía en proteger a tu jefe?

El guardaespaldas, confundido, no sabía qué decir. Avery estaba empeñada en desconcertarlo. Elliot, sin embargo, no le prestó mucha atención. Su mirada estaba fija en la escena, observando a Avery con una intensidad que no dejaba mucho espacio para la evasión.

Finalmente, Elliot dirigió una mirada severa al guardaespaldas, dando una orden con una calma implacable.

—Siéntate más lejos.

El guardaespaldas, obediente, se levantó sin cuestionar y se alejó de ellos. Avery, aliviada por la distancia que se había creado, intentó relajarse. Su respiración se estabilizó un poco, pero seguía sintiendo una presión en el pecho.

De repente, una idea cruzó su mente. Sin pensarlo demasiado, se quitó el abrigo, lo dobló cuidadosamente y lo colocó en el asiento entre ella y Elliot, creando una barrera simbólica. Luego, se soltó la coleta, dejando que su cabello cayera desordenadamente sobre su rostro, como si intentara ocultarse de alguna manera. Era un gesto que no tenía mucho sentido, pero en ese momento, parecía la única forma de intentar evadir la mirada de Elliot.

El silencio se alargó, pero Avery sentía los ojos de Elliot sobre ella, intentando leer sus intenciones. Su cuerpo se tensó bajo su mirada. ¿Se había quitado el abrigo para presumir de su figura? ¿Se había soltado el cabello para hacer alarde de su feminidad? No, pensó Avery. No era eso lo que estaba haciendo. No quería que él interpretara lo que no era.

Finalmente, Elliot rompió el silencio, su voz grave y fría.

—Avery…

Avery, sin pensarlo, levantó una mano para interrumpirlo.

—¡No me hables! —siseó, su voz tensa. —Mis amigos también están aquí. ¡No quiero que sepan que estoy aquí!

Elliot frunció los labios y apretó la mandíbula, claramente irritado por su respuesta. Su expresión pasó de una calma calculada a una visible tensión. Ya no era solo curiosidad lo que había en sus ojos, sino también un toque de frustración. La tranquilidad que había mostrado hasta ese momento se había desvanecido, reemplazada por una incomodidad palpable.

Avery, por su parte, mantenía su postura rígida, deseando que el recital comenzara para distraer su mente, pero la presencia de Elliot seguía pesando sobre ella.

¿Qué había querido realmente él al invitarla? ¿Por qué, después de todo lo ocurrido entre ellos, estaba dispuesto a compartir este momento con ella? Mientras pensaba en estas preguntas, las respuestas seguían eludiéndola.

La tensión entre ellos era tan densa que parecía casi tangible.