Cuando sus ojos se abrieron

Cuando sus ojos se abrieron(49)

Capítulo 49:

La tensión en el aire era palpable cuando Chad intentó suavizar el ambiente con su pregunta, pero sabía que no era más que una cortesía hacia su jefe. «Señor Foster, ¿están bien sus piernas sin la silla de ruedas?» Aunque la pregunta fue hecha con delicadeza, Chad sabía que Elliot había decidido no usarla ese día, quizás por la cita con Avery. El hecho de tener que usar la silla de ruedas habría sido incómodo para ella, y no quería que nada interfiriera en ese momento.

Elliot no respondió más que con un movimiento impaciente, apartando a Ben y a Chad con una mirada fría y distante. «Estoy bien,» dijo, su voz seca y cortante. La atmósfera a su alrededor se tornó aún más sombría.

Ben, siempre intentando aliviar las tensiones, propuso: «¡Vamos a tomar algo, Elliot! Charlie Tierney está por aquí, hagámoslo.» Pero la expresión de Elliot seguía siendo ominosa, su ira contenida a duras penas. Charlie Tierney era un nombre que siempre significaba complicaciones, especialmente cuando Chelsea lo involucraba en los problemas con Elliot.

Tras un breve silencio, Elliot respondió con una simple palabra: «No.» Y sin esperar más, se dirigió al ascensor. No caminaba rápido, pero sus pasos eran firmes y decididos, como si todo su ser estuviera alineado con una resolución interna.

Al llegar a casa, la señora Cooper estaba esperando, como siempre, con una sonrisa cálida, pero esta vez con una pequeña inquietud en su expresión. «La Señora Avery ha preparado un regalo para usted, Señor Elliot.» La caja era considerablemente pesada, y Elliot se preguntó qué podría ser.

«¿Está ella en casa?» preguntó, sin dejar de mirar la caja.

«Sí, está,» respondió la señora Cooper. «Volvió a su habitación después de la cena para escribir su tesis.»

Elliot frunció los labios al escuchar esto. ¿Había Avery comprado un regalo para él después de lo sucedido? Era algo que no podía comprender del todo. Parecía un intento de apaciguar las cosas, pero no sabía si era genuino o simplemente un intento de seguir probando sus límites.

Al abrir la caja con cautela, encontró un libro con un título llamativo: «El arte de controlar la ira,» con una imagen de una exuberante planta de ginseng en la portada. Su expresión se endureció inmediatamente.

«¿Es este el tipo de disculpa que me ofrece?» Elliot pensó, mirando el libro con incredulidad. ¿Realmente pensaba que un libro sobre control de la ira sería suficiente para arreglar lo que había pasado entre ellos?

La señora Cooper, que había estado observando, también mostró una expresión de sorpresa. «Parece un libro curioso,» dijo, pero su tono se enfrió al ver la reacción de Elliot. «Voy a buscar a la Señora Avery para que me explique el significado de su regalo.»

Elliot la interrumpió de inmediato, su tono mordaz: «¡Olvídalo!» Su frustración estalló al golpear el libro sobre la mesa, un sonido seco que resonó en la habitación.

En ese momento, Avery escuchó el ruido en su habitación, su corazón se apretó. Sabía que Elliot había reaccionado, y lo temía. Había una razón detrás de ese libro, un motivo que venía de la recomendación de uno de sus profesores. Avery lo había leído y encontrado en él algo valioso: la relación entre la salud mental y física. ¿Por qué se estaba enfadando tanto?

El libro no era caro, pero para ella era una forma sincera de mostrarle que había pensado en su bienestar. ¿Era eso lo que lo enfurecía? Su mente se llenó de dudas. ¿Tal vez pensaba que su regalo era demasiado barato para él?

Avery dudó, no estaba segura de si debía bajar a hablar con él. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, la puerta de su habitación se abrió de golpe, y la figura alta y musculosa de Elliot apareció en el umbral. La energía en el aire se volvió densa, y Avery supo que esta conversación sería inevitable.

Elliot se acercó con paso firme, sus ojos oscilando entre furia y algo más, algo que Avery no lograba entender del todo.