Cuando sus ojos se abrieron

Cuando sus ojos se abrieron(6)

Capítulo 6:

Avery estaba completamente perdida, sumida en un torbellino de pensamientos. Mientras intentaba encontrar un poco de paz, la pantalla de su portátil comenzó a parpadear. Antes de que pudiera reaccionar, la pantalla se tornó azul, luego negra. El equipo se había estropeado por completo.

Un escalofrío recorrió su espalda. En ese preciso momento, recordó que había guardado el archivo en una unidad USB, lo que la tranquilizó un poco. Aliviada por no haber perdido su trabajo, tomó la unidad del puerto y se levantó rápidamente de la silla, mirando a su alrededor en busca de una solución.

—Señora Cooper, mi ordenador se ha roto, pero tengo mucha prisa. ¿Hay algún otro ordenador disponible en la casa? Sólo necesito enviar un archivo urgente —preguntó con una mezcla de ansiedad y esperanza.

La Señora Cooper, que había estado esperando fuera de la habitación, respondió rápidamente:

—Sí, hay uno, pero es del Maestro Elliot.

Avery sintió cómo su corazón se detuvo por un instante. ¿Realmente iba a usar el ordenador de Elliot? No podía creer que estuviera considerando esa opción. Pero la urgencia del momento y la necesidad de enviar el archivo antes del mediodía la hicieron tomar una decisión rápida.

—Es solo por un momento, ¿verdad? No debería llevar mucho tiempo… —murmuró, como si se estuviera convenciendo a sí misma.

La Señora Cooper, con una leve sonrisa, parecía entender la situación y añadió:

—El Maestro Elliot puede parecer intimidante, pero no es tan malo como lo pintan. Y como tienes tanta prisa, dudo que te culpe por usarlo.

Avery asintió sin decir más, sin tiempo para pensar en las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer. Sabía que su situación era complicada, pero no podía permitirse perder la oportunidad de ganar ese dinero fácil, especialmente si el embarazo seguía siendo una carga de la que no sabía si podía hacerse responsable.

Con el corazón latiendo rápidamente, se dirigió al segundo piso, hacia el estudio de Elliot. Al llegar, notó que todo estaba en silencio, como si nadie hubiera estado allí en horas. El estudio de Elliot estaba cerrado, sin embargo, la puerta no estaba completamente bloqueada. Empujó suavemente la puerta y entró, sintiendo un extraño nudo en el estómago.

El ambiente en el estudio de Elliot era tan distinto al de la casa; todo estaba ordenado, casi impersonal. Se acercó al escritorio, donde el ordenador de Elliot estaba encendido, con la pantalla en reposo, esperando. Un ligero suspiro escapó de sus labios mientras encendía el monitor.

En ese momento, una corriente fría recorrió su cuerpo. ¿Y si el ordenador estaba protegido por una contraseña? No tenía mucho tiempo para pensar en ello. Su mente estaba completamente centrada en el archivo que debía enviar. Justo cuando estaba a punto de desesperarse, la pantalla se iluminó sin problemas, y el sistema operativo apareció como si nada estuviera fuera de lugar. Un poco sorprendida por la rapidez con que todo se estaba desarrollando, comenzó a buscar el archivo que necesitaba enviar.

Pero no pudo evitar que su mente comenzara a divagar. ¿Qué estaría pensando Elliot si la encontraba ahí? ¿Y si se enojaba? Sabía que su relación con él era tensa, llena de malentendidos y resentimientos no expresados, pero ahora más que nunca, sus emociones estaban a flor de piel. ¿Qué significaba todo esto para ella?

Justo cuando se estaba preguntando si debía continuar o irse, escuchó el sonido de la puerta del estudio abrirse lentamente. Se giró, el miedo apoderándose de ella, y vio a Elliot aparecer en el umbral, con esa mirada que siempre la hacía sentir tan pequeña.

—¿Qué estás haciendo aquí? —su voz fue tan fría como siempre, cortante y directa, sin una pizca de simpatía.

Avery, sorprendida, intentó explicar rápidamente:

—Mi ordenador se rompió, y… y necesitaba enviar un archivo urgente. No sabía qué hacer, y la señora Cooper me dijo que podía usar el tuyo.

Elliot la observó en silencio durante un largo momento, sus ojos profundos y penetrantes, como si estuviera evaluando cada palabra que había salido de su boca. Luego, su mirada pasó de ella a la pantalla del ordenador, y Avery sintió cómo su corazón latía más rápido.

—¿Ese archivo es lo único que tenías que enviar? —preguntó Elliot, sin mostrar ningún signo de enfado, pero con un tono que Avery no lograba descifrar completamente.

Avery asintió rápidamente, sin atreverse a añadir nada más.

—Está bien. Lo enviaré por ti —dijo él, acercándose al escritorio con una calma desconcertante.

Con un simple gesto, comenzó a hacer lo que ella no había podido. Avery se quedó allí, observando cómo él realizaba la tarea sin prisas, sin decir una palabra. No entendía por qué Elliot se había mostrado tan sereno ante una invasión tan clara de su espacio privado. El silencio que llenaba la habitación era incómodo, pero ella se sentía incapaz de decir algo.

Cuando Elliot terminó de enviar el archivo, se levantó lentamente de la silla y se giró hacia Avery, que seguía inmóvil cerca del escritorio.

—Ya está hecho —dijo, con un tono tan neutral que le resultó desconcertante—. ¿Hay algo más en lo que pueda ayudarte?

Avery, confundida y con una mezcla de gratitud y nerviosismo, no pudo evitar mirarlo, buscando alguna señal de que todo esto tenía algún sentido. Sin embargo, lo único que vio fue a un hombre distante, impenetrable. La tensión seguía flotando en el aire.

—No… Gracias —respondió finalmente, intentando que su voz no temblara.

Justo cuando pensaba que había terminado, Elliot la llamó nuevamente:

—Avery.

Ella se giró rápidamente, sorprendida de que le hablara otra vez. Su nombre sonó en sus labios con una suavidad que, por un momento, la hizo sentir que tal vez las cosas podrían ser diferentes entre ellos.

—Cuídate —dijo, con una leve inclinación de cabeza, antes de girarse hacia la puerta y salir del estudio.

Avery, todavía en estado de shock, permaneció en el mismo lugar, observando cómo la puerta se cerraba lentamente detrás de él. Sus palabras resonaban en su mente, pero no lograba entender si eran sinceras o solo una cortesía vacía. Lo único que sabía era que algo estaba cambiando entre ellos, aunque no podía decir exactamente qué.

Con un suspiro, salió del estudio, preguntándose si este pequeño encuentro sería el inicio de algo más, o si simplemente quedaría como otro de los innumerables momentos incómodos que había compartido con él.