Capítulo 81: ¡Diga su precio, Señor Hunt!
El ambiente estaba cargado de tensión y algo de alcohol. Mientras la noche avanzaba, las luces del parque proporcionaban una atmósfera aún más melancólica. Sheril, tras varias copas, estaba más tranquila, aunque sus emociones seguían alteradas por la angustia que Caden le había causado. Nora, por otro lado, apenas se había atrevido a beber mucho, pero la sensación de embriaguez le estaba comenzando a nublar el juicio.
Las palabras que Nora había dicho minutos antes aún flotaban en el aire: «Puedo controlarlo para siempre». A pesar de la claridad con la que había hablado, Sheril se sintió desconcertada. ¿Realmente pensaba que todo podía resolverse de esa manera? ¿Podía hacer algo tan drástico como controlar a Caden, como si fuera un objeto o una pieza en un tablero de ajedrez?
A medida que la botella de vodka vacía pasaba de mano en mano, el aire frío de la noche parecía ayudar a que las palabras se disiparan lentamente, pero el peso de la situación seguía siendo palpable.
Nora, notando la creciente confusión en los ojos de Sheril, suspiró. A pesar de su carácter y de la fortaleza que solía mostrar, sabía que Sheril no estaba del todo preparada para aceptar los métodos que ella consideraba lógicos. ¿De verdad quería que todo fuera tan fácil? Sin embargo, el cansancio de la situación parecía ganarles a ambas.
La llamada de Nora al escuchar la voz de Justin rompió la monotonía de la noche. El tono de la conversación, casi casual, parecía un contraste con la gravedad de la situación. Nora, aún medio borracha, comenzó a hablar con un tono que para los que la conocían bien era casi indescifrable. Su frialdad y el tono serio con el que pronunció sus palabras sorprendieron a Justin, quien ya se estaba adaptando a la confusión que las dos chicas traían consigo.
La pregunta de Nora, en medio de la penumbra del parque y entre las carcajadas de Sheril, resonó en los oídos de Justin: «¡Diga su precio!». Aunque sus palabras sonaban a una broma, la seriedad de su tono dejaba claro que había algo más en juego. Había una intención clara en su voz, algo más allá de las risas borrachas y las preocupaciones pasajeras de la noche.
La respuesta de Justin, que tardó unos segundos en llegar, indicaba que se encontraba tan sorprendido como todos los demás. «¿Y?» La respuesta de él no era de indiferencia, sino de expectación, como si esperara escuchar algo más… algo que pudiera cambiar el rumbo de la conversación y, posiblemente, de sus vidas.
Lo que parecía un encuentro fortuito entre amigas que solo querían evadir la tristeza de un mal día se convertía, lentamente, en algo mucho más complejo.
