Cuando sus ojos se abrieron

Cuando sus ojos se abrieron(16)

Capítulo 16:

Elliot observaba a Avery desde el coche, una figura frágil y solitaria bajo la luz de las farolas. A través de la ventanilla, vio cómo ella estaba agachada en el suelo, abrazando sus rodillas con fuerza. El suave temblor de sus hombros revelaba que estaba sollozando, aunque el silencio de la noche se encargaba de enmascarar el sonido. Avery, con la cabeza baja y perdida en sus pensamientos, parecía ajena al mundo a su alrededor.

Elliot sintió un impulso inmediato de salir del coche y acercarse, pero algo lo detuvo. No era la primera vez que veía a Avery en un estado vulnerable, pero el verla tan rota, tan desesperada, le produjo una sensación de incomodidad. Durante un momento, se quedó allí, quieto, observando. Sabía que, aunque le ofreciera consuelo, las cicatrices internas que ambos cargaban seguirían allí, más profundas que cualquier herida visible.

Por un instante, la voz racional de Elliot, esa que siempre se mantenía distante y fría, le susurró que debía marcharse. Después de todo, no tenía obligación alguna de ayudarla, no ahora. Pero entonces, como si algo en su interior despertara, se dio cuenta de que no podía simplemente irse. Algo le decía que no podía dejarla allí, sola, en esa oscuridad. No sabía qué era exactamente lo que lo impulsaba a acercarse a ella, pero de alguna manera, sentía que debía hacerlo.

Elliot abrió lentamente la puerta del coche, salió al aire fresco de la noche y comenzó a caminar hacia donde ella estaba. A medida que se acercaba, el sonido de sus pasos resonaba en el silencio, y por un momento, no sabía qué decir. Su mente, como siempre tan ordenada, no encontraba palabras que pudieran aliviar el dolor de Avery, pero algo lo impulsaba a intentarlo.

Al escuchar sus pasos, Avery levantó la cabeza lentamente. Su mirada se encontró con la de él, y por un breve momento, no dijo nada. Solo la intensidad de sus ojos hablaba. Sus labios temblaron, pero no soltó palabra alguna. Los sollozos continuaban en silencio, como si el dolor la hubiese dejado sin voz.

Elliot se agachó frente a ella, manteniendo una distancia respetuosa, pero cercano. A pesar de no saber cómo actuar, no se apartó. Por un momento, la incomodidad habitual que sentía al estar cerca de ella desapareció. Lo único que quedaba era un vacío silencioso, cargado de una tensión invisible.

«Avery», dijo él, su voz sonando más suave de lo que pretendía.

Ella lo miró sin responder, su rostro estaba marcado por las lágrimas que había derramado en silencio. El corazón de Elliot latió con fuerza, como si intentara encontrar una manera de calmarla, de hacer que todo fuera mejor, aunque no tenía idea de cómo hacerlo.

«¿Por qué estás aquí sola?», preguntó finalmente, aunque sabía que no era una pregunta realmente importante. Más que nada, era una observación, una manera de romper el silencio que se había instaurado entre los dos.

Avery no respondió de inmediato. Miró al suelo, como si sus palabras no pudieran encontrar salida. El dolor en su rostro era evidente, y después de un momento, dejó escapar una pequeña risita amarga.

«¿Qué más da?», susurró con una voz quebrada, llena de tristeza. «No me queda nada, Elliot. Nada».

Las palabras de Avery fueron como un golpe directo, aunque Elliot no se apartó, ni se dejó vencer por la intensidad de su dolor. Algo en su interior lo mantenía allí, junto a ella, en ese instante compartido de vulnerabilidad. No entendía lo que pasaba, pero sentía que debía quedarse, que algo más que su lógica lo impulsaba a no irse.

Avery no levantó la cabeza, y Elliot, aunque no sabía cómo calmarla, se quedó allí, observando. Un silencio pesado se instaló entre ellos. No era la primera vez que se encontraban en una situación incómoda, pero esta vez algo era diferente. Algo más profundo los conectaba, algo que ninguno de los dos podía descifrar en ese momento.