Capítulo 2:
El aire estaba cargado de tensión en la habitación mientras todos los ojos de la familia Foster se posaban sobre Avery. Cada palabra de Rosalie Foster la envolvía como una pesada manta, pero ella no pudo apartar la mirada. El rostro de la matriarca mostraba una mezcla de esperanza y determinación que, por alguna razón, la inquietaba más que el propio plan que acababa de proponer.
Avery apenas podía creer lo que acababa de oír. La idea de ser la madre del hijo de Elliot, aún en su estado actual, le parecía grotesca. ¿Era esta la única forma en la que los Foster pensaban asegurarse de que la herencia de Elliot quedara en la familia? ¿No bastaba con el matrimonio? Ahora su nuevo rol de esposa parecía un simple paso en una cadena de manipulación que ya no podía ignorar.
Por un momento, la habitación se quedó en silencio, con todos los miembros de la familia esperando la reacción de Avery. ¿Cómo iba a responder? Estaba atrapada entre su propio asco y el miedo de enfrentar aún más repercusiones si se negaba.
Finalmente, fue Henry Foster, el hermano mayor de Elliot, quien rompió el hielo. Su voz grave llenó la estancia:
«Madre, Elliot ha estado enfermo durante mucho tiempo, y aunque no quiero ser cruel, ¿no es posible que sea infértil?» La duda estaba claramente presente en su rostro, aunque su tono era firme. Parecía más interesado en la herencia que en el bienestar de su hermano.
Rosalie, sin embargo, no pareció alterarse en lo más mínimo. De hecho, sonrió con astucia, como si ya tuviera todo bajo control.
«Eso no será un problema. Los médicos saben lo que deben hacer. Cuando el dinero y el poder están en juego, se pueden mover montañas. Elliot tendrá un heredero, y tú, Avery, serás quien se lo dé», respondió con una firmeza desconcertante.
Avery sintió que la tierra se desvanecía bajo sus pies. ¿Qué estaba pasando aquí? La idea de quedar atrapada en una situación tan macabra le revolvía el estómago. ¿Qué tipo de mujer quería que ella fuera en sus ojos? ¿Una simple incubadora para la herencia de los Foster? Los pensamientos se amontonaban en su mente, pero se obligó a mantenerse tranquila, al menos por ahora.
El resto de la familia observaba con expectación, pero Avery notó que había algo más en sus miradas, algo que no se limitaba solo al interés por la herencia. ¿Se estaban aliando todos para presionarla? No podía estar segura, pero algo en el aire le decía que estaba rodeada de tiburones esperando el momento de devorarla.
Con una calma que apenas sentía, Avery levantó la vista para enfrentar a Rosalie.
«Entiendo lo que estás sugiriendo, señora Foster», dijo, su voz tensa pero controlada. «Pero creo que debo aclarar algo antes de tomar cualquier decisión». Su corazón latía con fuerza, pero no podía permitir que su miedo la traicionara. «No estoy dispuesta a ser un peón en su juego. Mi cuerpo, mi vida, no son moneda de cambio».
Hubo un momento de silencio incómodo. Los ojos de todos se dirigieron a Rosalie, esperando su reacción. Finalmente, la anciana sonrió, pero su sonrisa no fue amistosa.
«Te comprendo, Avery. Te daré algo de tiempo para pensar. Pero recuerda, el tiempo de Elliot está acabando, y la familia siempre se asegura de que su legado continúe. Harás lo que sea necesario para cumplir con lo que te pido, tarde o temprano».
Avery tragó saliva, sabiendo que su camino por delante sería mucho más difícil de lo que había imaginado. No solo tenía que lidiar con la presión de la familia Foster, sino que además, Elliot seguía allí, su futuro incierto, pero con una mente intacta que podría, en algún momento, ser testigo de todo lo que estaba ocurriendo. ¿Y si Elliot despertaba? ¿Y si él se enteraba de las manipulaciones que giraban a su alrededor mientras su vida se desmoronaba?
Avery no quería pensar en eso, pero la semilla de la duda ya estaba plantada en su mente. Tendría que ser más astuta que nunca si quería recuperar lo que le pertenecía y salir indemne de este laberinto de traiciones y manipulaciones.
Después de un rato, Rosalie se levantó, desechando la tensión que había llenado la habitación.
«No te preocupes, Avery. Tienes tiempo. Pero no olvides que el destino de todos aquí está atado al de Elliot. Nos veremos pronto».
Avery, aunque aún abrumada, no dijo nada más. Solo asintió y se quedó allí, mientras la familia Foster se dispersaba, cada uno con sus propios pensamientos sobre el futuro.
Esa noche, al volver a la mansión, Avery sentía el peso de las decisiones por venir. Estaba atrapada en una red tejida con hilos de poder, codicia y control. Pero, al mismo tiempo, algo dentro de ella comenzó a despertar. No iba a ser un peón.
Recuperaría lo que le pertenecía, pero de una manera que nadie esperaba.
Y con eso en mente, se acercó a la habitación de Elliot, donde la oscuridad envolvía el lugar. Allí, en la penumbra, una presencia intangible parecía acechar, como si los secretos de la mansión fueran más oscuros de lo que cualquier persona podría imaginar.
