Cuando sus ojos se abrieron

Cuando sus ojos se abrieron(3)

Capítulo 3:

La mansión de Elliot parecía más fría que nunca cuando Avery regresó. Las paredes de piedra, con sus ventanales de cristal, reflejaban la luz del sol de la tarde, pero su calidez había desaparecido, reemplazada por una atmósfera de opresión que se sentía en cada rincón. Apenas había podido tomar un respiro después de la tensa reunión en la vieja mansión, y ahora se encontraba en este nuevo giro de su vida, donde las decisiones que tomara definirían no solo su futuro, sino también el de una familia entera.

A medida que la Señora Cooper la guiaba hacia la sala de hospital improvisada, Avery sintió un estremecimiento recorrer su cuerpo. Todo lo que había planeado, todo lo que había evitado, parecía ahora una cruel ironía. Había sido una esposa obediente, pero ahora se convertía en una pieza clave en un juego macabro que ella no había escogido.

La idea de lo que estaba por suceder la llenaba de una mezcla de ansiedad y desesperación. ¿Cómo había llegado hasta aquí?

Los médicos, dos hombres de aspecto formal y distante, la saludaron con una sonrisa calculada que no lograba calmarla. Ambos la miraban como si fuera una paciente más, alguien a quien se podía tratar como un simple instrumento para cumplir con un propósito.

«No se preocupe, Señora Foster. Esto no tomará mucho tiempo», dijo uno de los médicos con una voz suave, pero vacía de calidez. «Lo que necesitamos es asegurarnos de que el proceso se lleve a cabo de manera eficiente, de modo que la familia pueda comenzar a planificar los siguientes pasos».

Eficiencia, pensó Avery amargamente. Para ellos, era solo una cuestión de cumplir con un deber, mientras que para ella, todo esto era una pesadilla de la que no podía despertar. ¿Qué futuro le quedaba si tenía que dar a luz al hijo de Elliot solo para asegurar su lugar en esta familia? Sin embargo, sabía que era una jugada que no podía rechazar, al menos por ahora.

Se tumbó en la cama, con la sensación de estar completamente expuesta. El monitor que la rodeaba, la frialdad de la sala, la luz cegadora del techo… Todo era tan impersonal que se sentía aún más pequeña y vulnerable de lo que ya estaba. La sensación de estar atrapada en su propio cuerpo la invadió.

El segundo médico comenzó a preparar el equipo mientras el primero se acercaba a ella. «Nos aseguraremos de que todo esté listo, señora», dijo mientras se inclinaba ligeramente. Sus palabras no le ofrecían ninguna seguridad, pero ella asintió en silencio.

Avery cerró los ojos, buscando calmar sus pensamientos. La pregunta que había estado rondando en su mente desde la conversación con Rosalie aún persistía. ¿Cuánto tiempo haría falta para que esto ocurriera? Si la familia Foster estaba tan determinada, ¿qué le quedaba por hacer a ella si no cumplir con sus expectativas? Un escalofrío recorrió su espalda al imaginar lo que vendría después de todo esto.

«Lo ideal sería que estuviéramos listos dentro de las próximas semanas, señora», respondió el médico con un tono de voz más serio, notando su inquietud. «Asegurarse de que la ovulación sea exitosa es crucial para que el procedimiento sea lo más eficiente posible. Si no ocurre de manera natural, la inyección que se le administrará debería ayudar a que su cuerpo esté listo».

El corazón de Avery comenzó a latir más rápido, un zumbido de preocupación llenó sus oídos. Todo esto era tan extraño, tan irreconocible de lo que alguna vez imaginó para su vida. Había sido una mujer que había soñado con una vida sencilla, tranquila y quizás, algún día, con el amor verdadero. Pero ahora estaba atrapada en un laberinto donde su valor se medía por la herencia de un hombre que no conocía bien, un hombre que tal vez nunca despertara.

A pesar de todo lo que estaba en juego, Avery decidió seguir adelante. No podía detenerse. No podía darse el lujo de ser débil. Si al menos podía asegurarse de que Cole no tuviera acceso a lo que le pertenecía a Elliot, entonces tendría algo con lo que aferrarse.

El médico que había estado preparándola dio un paso atrás y asintió hacia su colega. «Todo está listo», dijo con calma. «Solo tenemos que esperar a que el cuerpo de la señora esté preparado para el siguiente paso».

Avery tragó saliva, observando los equipos y las luces frías que rodeaban la sala. «¿Y si no puedo hacerlo?», preguntó de repente, casi como si temiera la respuesta.

El médico la miró sin sorpresa. «No se preocupe, señora. Nuestro equipo está especializado en estos procedimientos. Con un poco de tiempo, su cuerpo estará listo. Esto no es algo que deba temer».

Pero, en su interior, Avery no podía evitarlo. Temía todo lo que estaba a punto de suceder.

Cuando los médicos comenzaron con el proceso, Avery se sintió más desconectada que nunca. Estaba allí, pero su mente parecía estar en otro lugar, observando desde lejos lo que ocurría en su cuerpo. La ansiedad se mezclaba con la sensación de estar atrapada en un destino que no había elegido.

Una vez terminado el procedimiento, Avery se quedó acostada en la cama, respirando con dificultad. El dolor y el miedo la rodeaban, pero algo más se levantó dentro de ella, una pequeña chispa de determinación. No iba a ser una víctima.

Cuando los médicos finalmente se marcharon, Avery se quedó allí, sola con sus pensamientos, preguntándose cuántos sacrificios tendría que hacer antes de que esta pesadilla terminara.