Capítulo 4:
El rostro de Avery se palideció al escuchar las palabras de Elliot. La intensidad de su mirada, fría y penetrante, parecía perforar su alma, mientras su corazón latía con fuerza, golpeando su pecho como un tambor desbocado. Su cuerpo, que hasta hacía poco estaba inmerso en un torbellino de nerviosismo y esperanza, se había congelado instantáneamente. ¿Cómo podía alguien despertar de un sueño tan largo y tener tal intensidad de odio? La respuesta de Elliot había sido como un golpe inesperado.
El miedo la envolvía mientras permanecía en la puerta, incapaz de moverse. Todo lo que había creído saber sobre Elliot, su inconsciencia, su vulnerabilidad… todo se desmoronaba en ese instante.
«¡Sáquenla de aquí!» Las palabras de Elliot fueron claras, como un mandato imperioso que dejó a Avery sin aliento. La señora Cooper, a pesar de su experiencia, vaciló antes de dar un paso al frente. Sabía que no podía desobedecer la orden directa del señor Foster, pero también sentía que la situación era más delicada de lo que aparentaba.
Avery miró hacia el suelo, temerosa de hacer cualquier movimiento que pudiera intensificar la ya palpable hostilidad en el aire. A pesar de la tensión que la rodeaba, un sentimiento inesperado surgió en ella. No tenía miedo solo de Elliot, sino del cambio inevitable que su despertar traería consigo.
El médico, que también había quedado paralizado por la magnitud de la situación, fue el primero en reaccionar. Se acercó con cautela y susurró: «Señor Foster, debe descansar. Este es solo el comienzo de su recuperación. No es conveniente que se exija tanto…». Su voz temblaba, consciente de lo peligroso que podría ser contradecir a Elliot en ese momento.
Elliot, que había estado observando todo con una mirada furiosa, desvió su atención al médico, y su rostro se endureció aún más. «¡Silencio!» su voz resonó, firme y cortante, como una orden que no aceptaba réplica. Su mirada se desvió de nuevo hacia Avery, más afilada que nunca, mientras sus ojos se entrecerraban con desdén.
Avery apenas se atrevió a levantar la vista. El contacto visual era como una tortura. ¿Qué había hecho mal? Ella que siempre había sido sumisa y obediente, ¿por qué ahora se encontraba frente a esta reacción tan brutal?
La señora Cooper, viendo la gravedad de la situación, se apresuró a hablar. «Señor Foster, ella… es su esposa, como se lo explicó la señora Rosalie. Avery es… su esposa», repitió, titubeando ante la frialdad que emanaba de Elliot.
Elliot apenas reaccionó a las palabras de la señora Cooper. Parecía haberlas oído, pero sus pensamientos estaban claramente en otra parte, luchando con la confusión y la rabia que el despertar le había traído. Después de unos segundos de silencio, su voz volvió a sonar, pero esta vez con una amenaza palpable. «¿Mi esposa? ¿Una esposa a la que nunca vi ni pedí?» La incredulidad en su tono fue casi palpable.
Avery sintió cómo las palabras de Elliot la atravesaban como cuchillos. Ella no era más que una figura en su vida, una que había sido impuesta por la familia, una que ni siquiera tenía espacio en los recuerdos de él. El dolor comenzó a acumularse en su pecho, pero sabía que no podía mostrar debilidad. Elliot había despertado, pero en su despertar, no quedaba ni rastro del hombre que ella pensaba conocer.
Mientras el médico se apresuraba a hacer lo posible por calmar la situación, la señora Cooper, visiblemente incómoda, se acercó a Avery. «Váyase por ahora, querida. El señor Foster necesita tiempo para adaptarse. No lo tome personalmente», le susurró, intentando ofrecerle algo de consuelo en medio de la tensión.
Avery asintió lentamente, sus manos temblorosas frotándose contra su vestido mientras retrocedía. Las palabras de Elliot, cargadas de desprecio, aún retumbaban en su mente. ¿Cómo podría ser que ahora, después de todo lo que había hecho por él, lo único que recibiera de él fuera ese desprecio?
Mientras retrocedía por el pasillo, hacia la puerta, pudo escuchar la conversación entre el médico y la señora Cooper, pero ya no le prestó atención. Su mente estaba llena de pensamientos caóticos. ¿Qué debía hacer ahora? Su posición en la familia Foster se había vuelto aún más incierta. Elliot, el hombre cuya vida había estado luchando por salvar, ahora no la reconocía, ni la aceptaba. Y lo peor de todo era que ella no podía escapar.
El peso de la realidad cayó sobre ella con fuerza, y aunque había tomado decisiones que le parecían sabias, ahora se encontraba atrapada en una situación mucho más complicada de lo que había imaginado. Elliot estaba despierto. Pero con su despertar, todo había cambiado.
Con el alma cargada de incertidumbre y miedo, Avery salió de la habitación, el eco de las palabras de Elliot resonando en sus oídos. ¿Y ahora qué?
