Cuando sus ojos se abrieron

Cuando sus ojos se abrieron(5)

Capítulo 5:

Avery sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones mientras leía el informe de la ecografía. ¿Estaba embarazada? Las palabras del médico parecían difusas en su mente. Aunque había estado convencida de que no estaba embarazada, ahora todo parecía desmoronarse ante ella.

El médico, que había estado observando su rostro, intentó tranquilizarla. «Es un saco gestacional, pero necesitamos más pruebas para confirmar la viabilidad del embarazo. No se asuste, señora Tate. A veces los resultados de las ecografías pueden ser un poco confusos en las primeras etapas. Le recomiendo que siga un seguimiento cercano», dijo con voz suave.

Avery asintió en silencio, pero sus pensamientos estaban en otro lugar. ¿Cómo podría estar embarazada? La pregunta seguía dando vueltas en su cabeza. No entendía cómo era posible. Sabía que Elliot no había sido un hombre amable con ella, pero… ¿esto? ¿Esto significaba que realmente estaba esperando un hijo suyo?

Salió del hospital sin decir palabra, el informe médico enrollado en su bolso. El peso de la situación la aplastaba. Elliot. El divorcio. La familia Foster. Nada en su vida estaba claro. No sabía cómo enfrentarse a la noticia de su embarazo, ni cómo iba a manejarlo con un marido que la rechazaba, que la miraba como una extraña.

Volvió a la mansión con el corazón acelerado. Mientras se dirigía hacia la entrada, notó que el ambiente en la casa era tenso. Los sirvientes parecían inquietos, y nadie se atrevía a hacer ruido. Como si todo el lugar estuviera en espera, pero de algo que Avery no podía comprender completamente.

Subió las escaleras rápidamente, pero antes de que pudiera llegar a su habitación, se detuvo al escuchar unas voces provenientes del salón.

«¡Deja de hacer lo que quieras, Cole!», dijo Elliot con un tono que no dejaba espacio a la duda. Su voz era baja, pero cargada de una amenaza palpable.

Avery se asomó desde la esquina, observando cómo Cole estaba de rodillas frente a Elliot, con el rostro desencajado por el miedo. El sobrino de Elliot, quien parecía tan insignificante hasta ese momento, ahora estaba en una posición de absoluta humillación.

Elliot, que había estado relajado en su silla de ruedas, ahora tenía un cigarrillo en los dedos. Exhalaba el humo lentamente, mirando a Cole como un depredador observando a su presa. «No me hagas perder la paciencia», murmuró. «Si vuelves a desafiarme, no te quedará nada».

Avery sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. ¿Qué clase de hombre era Elliot? Su aparente indiferencia hacia la vida humana, su violencia hacia los que se atrevieron a desafiarlo, era aterradora. Un hombre como él no tenía límites, y eso la aterraba.

Cuando los ojos de Elliot se dirigieron hacia ella, su mirada era como una daga afilada. Avery no pudo evitar estremecerse. Intentó disimular su incomodidad, pero no pudo evitar que su cuerpo temblara ligeramente.

«Avery», dijo Elliot, rompiendo el pesado silencio. Su voz era fría, cortante, como un filo de cuchillo. «¿Vienes a preguntarme algo más?».

Avery se quedó en el umbral del salón, sin saber qué hacer. ¿Debería decirle la verdad? Sabía que estaba embarazada, pero no estaba segura de cómo iba a reaccionar él. ¿Le importaría siquiera?

Finalmente, se armó de valor y habló, aunque su voz temblaba. «Elliot, quiero hablar contigo sobre… sobre algo importante», dijo, su mente girando en mil direcciones. ¿Le diría sobre el embarazo? ¿O simplemente dejaría que las cosas siguieran su curso?

Elliot no dijo nada por un momento. Sostuvo su cigarrillo entre los dedos, sin moverse, observándola. Entonces, su rostro se suavizó mínimamente, una expresión que Avery no sabía si interpretar como interés o simplemente indiferencia.

¿Qué haría ahora?